III

     Apenas si había salido Roque de la adolescencia, cuando heredó de sus padres un gran hacendón, con extensos potreros bien cercados y sembrados principalmente de alfalfa, donde pastaban numerosos rebaños caballar y vacuno. Una tercera parte de la hacienda era de terreno montuoso, donde entre chilcos, sauces y guarangos, vivían en estado salvaje, amén de venados de ramosa cornamenta, toros descendientes de las más renombradas ganaderías españolas, cuyos antepasados habían hecho traer a gran costo los jesuitas, antiguos propietarios de la hacienda del Olivar1.

     Esta, que debía su nombre a un añoso y productivo olivar que ocupaba algunas hectáreas de terreno, tenía una casa grande y maciza, circuida por tres de sus lados por anchos corredores; con una doble escala por el frente y otra por el costado izquierdo, que conducía a la capilla, edificio de severo estilo gótico, bastante deteriorado en la época a que nos referimos y que, centinela infatigable, parecía velar el eterno sueño de los muertos que reposaban en el cementerio contiguo2.

     La casa, empinada sobre una alta huaca, dominaba como dueña absoluta las novecientas fanegadas de terreno que componían el fundo, las diversas oficinas y dependencias y el galpón, enorme cuadrilátero de adobes, donde en pequeños y apiñados ranchos de caña, y totora se encerraban, al toque de ánimas, unos trescientos esclavos negros, forzados cultivadores de la hacienda, sin otro porvenir, las más veces, que el de terminar su vida abonando con su sudor el terruño donde habían de ser sepultados sus restos junto a los de sus padres; y ¡ay! del que, altanero, ¡quisiera substraerse al rigor de su dura suerte! El rebenque del caporal, abriendo surcos sangrientos en sus desnudas espaldas, lo haría humillar la cerviz y someterse como el buey al arado, como el caballo al freno3.

     Y esto no es decir que en la época a que nos referimos, no se hubiera dejado sentir ya la corriente civilizadora, tendente a hacer ver en cada hombre cualquiera que fuera su raza, un miembro de la familia humana4, con los mismos derechos y exigencias. La condición del esclavo en el Perú, cuando en 1855 el general Castilla lo emancipara de la servidumbre forzosa, había ganado muchos grados comparada con la de sus antepasados, los bozales importados de África, cuando en el contrato de venta se les designaba con la gráfica frase de: alma en boca y costal de huesos ...........................

     Joven y rico Moreno, vióse luego rodeado de amigos del buen tiempo, y ellos lo ayudaron a comerse alegremente la mejor parte de la herencia de sus padres en orgías y francachelas, que le dieron nombre y autoridad entre los mozos más jaranistas de la provincia. Ninguno como él quebrantaba un caballo chúcaro, ni amartelaba a una moza de buen trapío, ni embestía con más brío a una botella del famoso Motocache. Sus dichos, sus aventuras galantes y sus hazañas hípicas corrían de boca en boca, aumentadas y comentadas como verdaderas proezas dignas de ser conservadas en los fastos de la historia de los mozos cundas, adeptos de Venus y de Baco5.

     Referíase con notas y floreos que, de tránsito por el Olivar, el comandante Nieto fue desafiado por Moreno a subir y bajar a galope un empinado y abrupto cerro, que había frente a la casa de la hacienda, y que el vencido costearía una pachamanca6 al vencedor y los amigos que servirían de jueces y espectadores de la arriesgada apuesta. Aceptóla Nieto; fijóse el día y la hora, y, llegado el instante designado, a una señal de los jueces, ambos campeones, espoleando sus cabalgaduras, lanzáronse a galope tendido hacia la cima del cerro, y muy pronto lo coronaron, en medio de los aplausos de la multitud que, siempre ávida de emociones, había acudido a presenciar la bárbara hazaña. Pero faltaba la parte más difícil, la bajada, en la que corrían inminente riesgo de descalabrarse. Conociólo así Nieto, y después de un momento de vacilación, díjole a su contrario: "Camarada, desisto; doime por vencido y me resigno a pagar la apuesta." Y, sin embargo, era Nieto el mismo esforzado campeón que, algunos años después, ya general de la República, batióse en singular combate, en la batalla del Portete de Tarquí con el valiente Camacaro, reputado como la primera lanza de Colombia, teniendo por espectadores a ambos ejércitos.

     Moreno, sin titubear y confiando en los acerados miembros de su caballo acostumbrado a la cacería de venados, recogió un tanto las riendas al ejercitado bruto; y, en medio del sepulcral silencio de los espectadores, que ni alentaban, temerosos de presenciar una catástrofe, bajó impávido aquella eminencia, casi en el mismo espacio de tiempo que había empleado en subirla, siendo recibido entre hurras y entusiastas vítores.

     En otra ocasión, al finalizar una cena borrascosa, propuso Moreno a sus compañeros de crápula, tomarse entre cuatro una botija de aguardiente, que él costearía; siendo el premio del vencedor la posesión de una Venus africana, de empinado seno y opulento caderaje, cuyos dientes menudos y blancos como la leche cuajada contrastaban con el negro charol de sus apretadas mejillas, y que respondía al nombre de Nena, cariñoso diminutivo de Magdalena7.

     Aceptaron gustosos, porque todos los mozos del pueblo se pirraban por la muchacha; sin atreverse a írsele muy de frente, temerosos de entrar en íntimas relaciones con el cuchillo lobero de Cuno, padre y feroz cancerbero de la doncella, y muy capaz de abrirle un ojal en el cuero al imprudente que osara arrebatarle su tesoro.

     Fue cosa convenida que los vencidos ayudarían al vencedor y le facilitarían, con astucia o con dinero la conquista de la Filis. Ocho días después, la trastienda, de una chichería servía de escenario a esta singular orgía. Sólo tres de los báquicos gladiadores se habían presentado a la palestra, el cuarto, por enfermedad, cierta o fingida, se excusó de asistir.

     Llegado el momento solemne, vacióse en una chomba8 casi todo el contenido de una botija del aromoso Motocache; y, armados de sendos jarros, dióse comienzo a la lucha con este brindis pronunciado por el anfitrión:

     --A la salud del bravo que se gane a la Nena.....

     Aplaudieron los otros y los tres apuraron el contenido de los jarros, colocándolos luego plan arriba en prueba de que se había vaciado hasta la última gota del alcohólico líquido.

     Siguió la lucha con ligeros intervalos de charla y canturria o excitando la sed con los bien condimentados cuyes, el cebiche y el escabeche que, inflamando con el ají las membranas bucales, hacían llorar de gusto a los que lo saboreaban; y bebían más y más zumo de vid; y fumaban puros y corbatones, lanzando columnas de espeso humo, que, mezclado con las emanaciones del aguardiente y los picantes y la respiración de diez o doce personas que presenciaban tan original duelo, formaban una atmósfera turbia, pesada y asfixiante.

     Dos horas después de romperse las hostilidades, uno de los combatientes, con la cara inflamada, abotagados los ojos y mascullando con torpe lengua:

     --"¡Con.....migo.....no pue.....e.....na.....die.....Caram......ba!.....me gano.....a la.....Ne......na", rodó bajo la mesa. De allí lo llevaron cargado a su cama de donde no se levantó más. Igual suerte, más o menos, corrió el segundo, quedando vencedor Moreno que hizo el último disparo a la chomba dejándola por mitad.

     No se libró, sin embargo, de unas fiebres inflamatorias, de las que solo salvó gracias a los cuidados de doña Chavelita, quien con este hecho afirmó su reinado, pasando poco después a ser la señora de Moreno, mediante la bendición y el ego te conyugo según el rito de la Santa Madre Iglesia.

     Esta fue la última calaverada mayúscula de Roque. Carabinero retirado como él se llamaba, dedicóse a cuidar de sus hijos y de su hacienda, enflaquecida y anémica a causa del abandono y de las repetidas sangrías que le había dado para sostener el rango de mozo calavera rodeado de parásitos que lo adulaban y fomentaban sus vicios para mejor explotarlo9.

     Faltábanle capitales; y fuerza fue recurrir a empréstitos que con más o menos buena voluntad le hacían los vecinos.

     Como recurso más eficaz y expeditivo lanzóse de lleno en la política. Maldito si a él le importaba un bledo que el Perú estuviera gobernado por un agente del monarca español o por el rey de Túnez; pero se afilió al partido de los insurgentes que creyó tenían mayores probabilidades de éxito y llegó a ser el hombre más influyente de la provincia.

     Empeñados ambos bandos en los horrores de una guerra sin cuartel, no se escatimaban persecuciones ni se ahorraban inútiles crueldades.

      Si los españoles quemaban los pueblos de Cangallo y Reyes y sacrificaban bárbaramente en Huamanga a doña Maria Bellido, porque no descubría el nombre del autor de una carta dirigida a un montonero pariente suyo, noticiándole el número de fuerzas con que combatían los realistas y los movimientos de su ejército, por su parte los patriotas prohibían a los españoles salir a la calle con capa, so pena de destierro; y amenazaban con la confiscación de bienes o la muerte a los que salieran después del toque de Angelus u ocultaran armas. Y mientras en Palacio se daba un alegre baile celebrando los triunfos obtenidos, cerca de quinientos españoles, muchos de ellos ancianos y achacosos, eran conducidos a pie al Callao, en medio de la befa del populacho; en tanto que un religioso los acompañaba rezando el rosario y exhortándolos a la paciencia. Más aún, si cabe, tuvieron que ejercitarla, cuando hacinados a bordo de la goleta "Milagro" que debía conducirlos a España, estuvieron dos días incomunicados, faltos de provisiones y oyendo el clamoreo de sus deudos que en numerosos botes rodeaban la embarcación anhelando dar el postrer adiós al padre, al hermano o al esposo, a quien acaso no volverían a ver.

     Era, pues, una época propicia en que los intrigantes, sin más ley que el lucro personal, tenían ancho campo de explotar; y el denunciar a un español o arrebatarle vida y hacienda eran acciones meritorias, y dignas de recompensa.

     No descuidó Moreno tan fructífera labor. Investido con el cargo de capitán de Milicias y afectando, gran celo por la noble causa de la Independencia, cuidó ante todo, de rehacer su desmoronada fortuna mediante una tenaz persecución a los chapetones10, muchos de ellos honrados padres de familia que, considerando al Perú como su patria de adopción y deplorando los horrores de la guerra, sólo anhelaban prescindir de toda lucha y continuar sus pacíficas labores, preparando así un holgado porvenir para sus hijos, nacidos en el Perú y de madres peruanas.

     Entre los españoles que alentaban en el radio de acción en que funcionaba Roque Moreno, descollaba, como el enhiesto pino entre medrosos arbustos, don Justo de la Vega Hermosa, por su ingente caudal y señoril magnificencia.

     Era don Justo gran peje que podía dar mucho aceite: suculento bocado al que de buena gana le hubiera hincado el diente el patriotero Moreno, si no hubiera estado defendido por una doble cota de malla que lo hacía invulnerable. Habíale hecho servicios de dinero y de influencias en más de una ocasión, cuando las altas y bajas de la guerra habían puesto en peligro al insurgente de ser colgado del primer sauce del camino real o de probar el temple de las balas españolas, como guerrillero cogido con las armas en la mano, y, como si esto no bastara, doña Chavelita, cuyo corazón agradecido no olvidaba beneficios, lo había tomado bajo su protección, diciendo en más de una vez con su más gracioso mohín y marcando el compás con el índice:

     --Lo que es a don Justo, ya lo sobes Moro; no se le toca ni un cabello.......ni un caballo......ni un mata de caña de San Honorio, que si mis hijitos tienen padre, después de Dios, a él se lo debemos.

     Y Moreno, bajando la cabeza, torcía un cigarro, silbando un tondero o la replicaba impaciente:

     --Pues, ya lo creo, parienta. Ya se sabe que don Justo está bajo el manto de la Virgen y que estas cosas no serán con él. Agregando a guisa de comentario:

     --¡Y qué buenas peluconas de Carlos III y Carlos IV tendrá guardadas el godo11!




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     1En 1767 los jesuitas se expulsaron del Nuevo Mundo. Según Klarén, después de dos siglos en el Perú los jesuitas atraían la envidia de criollos y peninsulares. En el momento de su expulsión tenían unas 97 propiedades con valor de 5.7 millones de pesos. El Estado las apropió y las subastó por una fracción de su valor. Peter Findell Klarén, Peru, New York: Oxford University Press, 2000, p. 103. Después, mucha gente pudo comprar estas propiedades a un precio muy razonable como fue el caso de la familia de Roque Moreno en la novela.

     2El motivo de la iglesia decadente fascinaba al modernismo. Dos años antes de aparecer Roque Moreno, Valle-Inclán publicó su Sonata de otoño (1902) en que la iglesia y el cementerio de Brandeso van deteriorando. Consúltese Ramón del Valle-Inclán, Sonata de otoño, Madrid: Espasa Calpe, 1969, pp. 74-12.

     3Una huaca tiene la apariencia de una colina pero en realidad era/es un lugar sagrado en los Andes. Salomon la describe sucintamente como deidades de lugar y otros oratorios de superhumanos. Frank Salomon, "Nightmere Victory: The Meanings of Conversion among Peruvian Indians (Huarochirí, 1608?)", College Park, MD: Department of Spanish and Portuguese, University of Maryland, Working Papers No. 7, 1990, p. 4. La práctica ibérica de construir sobre tierra sagrada indígena era atractivo a los españoles quienes construyeron una iglesia encima del templo a Quetzalcóatl en Cholula, México, y aquí a los jesuitas que borraban el pasado "pagano" con una institución comercial, la hacienda ¿una señal de la modernidad?

     4La autora rechaza las doctrinas de Domingo Faustino Sarmiento quien en su Facundo propuso que los blancos de Buenos Aires civilizaran a los mestizos, negros e indígenas de la pampa argentina.

     5Como dijimos en la nota 2 del capítulo I, la abundancia de referencias clásicas (Adonis, Hércules, Venus, Baco, Filis, los gladiadores) emparienta esta novela con el modernismo. Venus es la diosa romana del amor, equivale a la Afrodita griega.

     6Pachamanca es una palabra compuesta del quechua que todavía se usa en la América meridional. Viene de pacha, tierra y manka, olla. Ugarte Chamorro lo describe de este modo: “Comida que generalmente se ofrece como agasajo y que consiste en abrir un gran hueco en el suelo, el que se calienta al rojo con leña y piedras que se cubren con capas de tierra, entre las que se ponen carnes aderezadas de toda especie, papas, camotes, yucas, choclos, queso fresco, plátanos, habas, etc.” Miguel Ángel Ugarte Chamorro, Vocabulario de peruanismos, Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1997, pp. 213-214.

     7Estas apuestas pueden ser recursos sencillos que agrega González de Fanning a su novela. Sin embargo, si la novela se ve en un contexto con Blanca Sol de Mercedes Cabello de Carbonera, novela que seguramente González de Fanning leyó, las apuestas oponen al ideal doméstico. Superarlas implica acercarse al ideal. Una apuesta para la Venus africana en esta novela hace eco de la apuesta de Alcides para Blanca Sol.

     8chomba, del quechua, vasija

     9Como Alcides con Josefina en Blanca sol, Roque se civiliza bajo la dulce influencia de la mujer.

     10chapetón, natural de España

     11pelucona, onza de oro; Carlos III, rey de España (1759-1788), expulsó a los jesuitas en 1767 y liberalizó el comercio en América (1765-1778); Carlos IV, rey de España (1788-1808), cuyas guerras constantes con Inglaterra y Francia debilitaron el comercio colonial.

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