XV
En las expansiones del dolor se observa marcado antagonismo entre el negro y el blanco. El primero grita, gesticula, se desespera y, desahogado ya del peso que lo oprimía, se tranquiliza cual si hubiera bebido las mitológicas aguas del Leteo. Su dolor es tempestad de verano en que el cielo cargado de espesos nubarrones, se desata en lluvia torrentosa que lava las impurezas del suelo, refresca las agostadas hierbas, y luego se ostenta sereno, sonriente, luminoso, bañado por vívidos rayos del sol que cobijando a la tierra con manto de oro; la fecundiza v vivifica.
El blanco tiene un dolor sombrío, casi mudo; pero tenaz como el remordimiento; que deja huellas profundas en su alma; huellas que se exteriorizan en su cuerpo a la manera que los grandes cataclismos de la naturaleza dejan en la corteza terrestre surcos y disgregaciones, testimonios perennes de las convulsiones subterráneas que en remotas épocas geológicas agitaran al planeta.
Al exhalar don Justo el último aliento, Josecillo lanzó gritos estridentes; mesóse los cabellos; besóle pies y manos y lo llamó con los más cariñosos nombres. Como las antiguas plañideras, en monótona canturria enumeró exagerándolos, los méritos de su difunto amo; y después de esta ruidosa expansión, corrió al Olivar a dar parte del sangriento drama.
Honda impresión produjo en los hacendados del Olivar la noticia del trágico fin del señor de la Vega Hermosa; tornóse lívida la cobriza tez de Moreno y sus trémulas manos dejaron escapar el cigarro que torcía; los rojos labios de doña Chavelita tomaron el color del marfil, en tanto que sus ojos agrandados por el espanto le dirigían a Moreno una escrutadora mirada que le hicieron abatir a tierra los suyos cual el criminal ante su Juez.
La doble mirada de los esposos encerraba un mundo de revelaciones que habría facilitado la tarea de un juez instructor, pero en aquella época de trastorno y dislocación social, pasó como escena de interior sin ser notada por los obtusos espectadores del lance. Además, la muerte de un español se consideraba como una acción meritoria y patriótica. Así, ofusca la pasión política el sentimiento de la justicia haciendo responsable de crímenes vulgares a la causa santa de la libertad.
El cadáver del señor de la Vega Hermosa fue trasladado en una parihuela a la capilla de la hacienda donde se le hizo un modesto funeral. Sus papeles cuidadosamente recogidos por Josecillo, fueron depositados en una arca donde bien pronto fueron olvidados.