[90] El despertar de la razón, después de haber gozado del amor, suele tener momentos de zozobra. En silencio y precipitadamente, como dos delincuentes que quisieran borrar las huellas de un crimen, procedieron a preparar los aparatos de curación y luego a ponerlo todo en orden.
Una vez que Laura concluyó de vestirse abrió de par en par la ventana que daba al jardín del convento inmediato: una claridad de naranja coloreaba las acacias en flor cuyo reflejo de amaranto, tibio y luminoso llegó a su pecho atrayéndole la mirada hacia lo alto, levantó la cabeza, que tenía inclinada y vio grande y majestuoso en su postrer destello, el sol poniente.
[91] - Laura, ¿cómo se siente usted, la he causado mal? - le preguntó el doctor con ternura.
- No, - respondió sin mirarle, - al contrario, me siento mejor que nunca.
Y mientras así hablaba, no apartaba los ojos del cielo. Su imaginación se perdía en el espacio de lo inconmensurable.
A sus oídos llegaban las voces de las huerfanitas, que unidas a las de las religiosas, cantaban a vísperas. El órgano murmuraba sonidos que parecían articulados por voces gangosas que entonasen el miserere.
- Este canto me recuerda mi niñez en el convento de Sevilla. A esta hora era cuando rezaba con mayor devoción... Al salir de la capilla, el olor de los azahares del huerto deleitaba mis sentidos y la última claridad del sol, que se sumergía en el Guadalquivir1, me apenaba de tal [92] modo que me parecía tener muy próxima la muerte.
El doctor no escuchaba a Laura, y como ella, absorto en una contemplación imaginativa, decía:
- Escuche usted ese canto, ¡cuánta dulzura, cuánta pureza existe en esas voces cándidas! La ingenuidad de vírgenes que entonan esa plegaria se revela en esos sonidos...
- Escuche... escuche usted, Laura, - insistió el doctor.
Y vagamente al canto sucedió un eco de rezos, un murmurio doliente; era una plegaria de difuntos. - El camino de la Cruz.
El sol había desaparecido, no obstante la luz del día se mantenía melancólica como un claro de luna.
1El río que origina en Jaén, pasa por Sevilla, y desemboca en Sanlúcar de Barrameda.