[75] Laura, pasó una semana yendo a fiestas y paseos, aturdiéndose en la vida de diversiones que antes había vivido, recuperando el tiempo perdido, como solía decir, mas la nostalgia de la clínica la invadía siempre y el recuerdo del doctor Castel, a veces solícito cual un enamorado y huyéndole otras, cuando lo creía más rendido, la obsesionaba; alguna vez le ocurrió el deseo de conquistar su amor, halagaba la vanidad de su belleza, lograr el amor del hombre al cual se le mostraba el único mal físico capaz de contener todo deseo.
« Abrigo una pretensión formidable » [76] se decía; no obstante, la consolaba la idea de que el doctor Castel, seguramente, no sería un Raimundo Lulio1 y también la de que ella no se encontraba en tan lamentable estado como el de su heroína
Ningún signo de fealdad revelaba exteriormente su dolencia, localizada en lo íntimo de su cuerpo, era profunda y oculta, así como su tristeza.
ĄCon qué goce daba tregua a sus lamentos cuando en el recogimiento de su alcoba, solitaria y meditabunda se veía aun hermosa y joven, y sin que ninguna huella del inmundo mal hubiese lastimado su carne de albura cálida! Y con la unción de una bienaventurada, al amparo del silencio de la noche, revivía su infancia; su niñez conventual, en la que aparecían las santas que martirizaban sus cuerpos, las que se atormentaban con cilicios y quemaduras ; sin llegar a comprender ahora, como antes, tan sublime renuncio; y se abismaba en la nebulosidad de su tortura, sin avizorar el nimbo impalpable de las santas, en el éter ideal que repugna del cuerpo y gimiente ante la añoranza conventual y su actual pasión por la forma [77] tangible, suspiraba ante semejante aberración de naturalezas enfermizas de ánimas puras, predestinadas con dones divinos que no acertaba ella a vislumbrar.
1Raimundo Lulio (1235-1315) fue un filósofo y teólogo de Cataluña. Escribió obras de carácter escolástico, enciclopédico y novelesco.