LA RELIGIÓN Y LA MORAL

     Los preceptos morales, como las leyes de justicia, no proceden de la Religión: las religiones, en contacto con la Filosofía, se humanizan, se perfeccionan, y en seguida se proclaman el único agente civilizador. No existe agrupación humana sin moralidad, como no existe cuerpo sin cohesión. El respeto a la vida ajena, respeto necesario para la simple sociedad de un hombre y de una mujer ¿no implica ya un adelanto, no significa el triunfo moral de la Razón sobre el instinto que nos impele a lanzarnos contra nuestros semejantes? El salvaje, en el simple hecho de encontrarse con otro hombre y no devorarle, practica ya un gran precepto de moralidad: el respeto a la vida ajena. Las mismas colonias de animales ¿no prueban una moralidad? La domesticación de un felino ¿qué es sino su moralización? De un animal se dirá que es bueno, hasta que es moral; pero no que es religioso.

     La simple existencia de la horda más salvaje supone una Moral, rudimentaria si se quiere, pero siempre una Moral. A medida que la colectividad se multiplica y prospera materialmente va ensanchando el horizonte de sus ideas morales: del respeto a la vida del hordario se pasa al respeto de sus bienes, y al respeto a las vidas y bienes del vecino y del aliado. Si salvajes que no conocen ni las más grotescas supersticiones se mantienen unidos con vínculos estrechos, hay una Moral anterior a la creencia religiosa. Esta Moral, una vez aparecida, sigue su evolución natural y necesaria, y por eso vemos que en naciones completamente separadas, las conciencias humanas arriban con el tiempo a equivalente grado de lucidez y perfección, como distintos viajeros que parten de lugares diversos y por diferentes caminos llegan a la misma cumbre.


©2005


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     "González Prada"


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