NUESTROS LIBREPENSADORES

     Un hombre puede ser arreligioso por ignorancia, como el salvaje primitivo; irreligioso por imitación, snobismo, pose o saber confuso y mal digerido; no es librepensador o, hablando con más exactitud, pensador libre sino por la ciencia y la meditación.

     El librepensamiento, libre solamente en la esfera religiosa, ha envejecido y va pasando de moda, a pesar de sus ventajas. Los mediocres, los ignorantes, los fracasados y los advenedizos tienen un medio seguro de llamar la atención y hacerse personajes célebres: hablar y escribir enormidades en materia de religión. Esos individuos recuerdan al palurdo alzando la voz en un teatro, al cargador vociferando obscenidades en un lugar público y al imbécil estallando en carcajadas al ver pasar un entierro. Un señor de mucha experiencia y de mucho juicio acostumbraba repetir a su nieto: -"Hijo mío, si quieres ser algo en el Perú, haz ruido aunque sea con una lata". El librepensador de pacotilla hace ruido con la hoja de lata de la irreligión.

     Hubo en Lima, pocos años ha, una germinación morbosa de librepensadores, tanto más libres cuanto menos se sometían a la lógica y al buen sentido. ¿A qué rememorar los disparates hablados y escritos por aquellos infelices? Padecían de clerofobia aguda, llevaban un fraile montado en las narices y creían resolver el problema religioso al denunciar el amancebamiento de un sochantre con una santurrona o la despabiladura de la cera de Nuestro Amo por algún chupacirios. Hicieron más daño que bien: odontólogos de gatillo inhábil, rompieron la quijada y dejaron el diente enfermo. Felizmente, desaparecieron con regocijo del sentido común y la gramática. Unos se marcharon al otro mundo después de confesar sus pecados y recibir asperges de agua bendita; otros viven educando a sus hijos en los planteles congregacionistas y doliéndose de sus intemperancias juveniles en las cosas sagradas. No sabemos si algunos otros siguen de masones corroborando el dicho francés "Quand on est béte, c'est pour longtemps".

     Para concluir y marcar de una vez las distancias de librepensamiento a pensamiento libre, diremos que éste no significa oposición intransigente a los credos religiosos ni cambio del dogmatismo teológico por el dogmatismo racional, sino examen desapasionado de las creencias más absurdas, crítica serena de todas las energías humanas desde las sociales a las artísticas y desde las científicas a las industriales. Por consiguiente, el librepensador es al pensador libre, como el tinterillo es al abogado, el albañil al arquitecto, el sacamuelas al doctor en medicina.


©2005


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