EL HOMBRE

     No faltan quienes sostengan que los hombres de hoy son intelectual y moralmente inferiores a los antiguos y que nunca nuestras producciones artísticas y literarias igualarán a las de los helenos. Nos muestran lo pasado como una meta inaccesible y nos dicen: "No llegarán ahí". Acostumbrados a lamentar el decaimiento de la especie humana, aplican tales ideas a nuestra organización política, social y hasta física. Nos juzgan lanzados de la Jerusalem divina y nos condenan como los cautivos de Israel a llorar eternamente las amarguras del destierro. No somos, no, reyes caídos que en su peregrinación por tierras extrañas conspiran constantemente para recuperar el trono perdido; por el contrario, nacimos en las profundidades de un abismo tenebroso y día a día, con fatigas y dolores, con múltiples contrariedades siempre vencidas, vamos fabricando uno a uno los peldaños de la escala que nos eleve a regiones de serenidad y luz. En vez del ángel caído, somos un átomo de polvo que fabrica sus propias alas para volar lejos de su cuna. Nacimos en las tinieblas, fuimos esclavos; pero combatimos con la Naturaleza, la vamos venciendo y obligándola a revelarnos sus secretos. Ascendemos, mal que pese a los que desearían mantenernos enclavados a la Tierra, y si el cieno nos llegaba antes al corazón,ya nos cubre sólo los pies.

* * *

     ... ¿Sabemos si nosotros mismos hemos cerrado el ciclo de nuestra evolución? ¿No concebimos que el hombre de mañana supere al hombre de hoy, como Platón al gorila por la inteligencia, como Friné a la Venus hotentota por la hermosura? No sólo hemos adelantado intelectual y moralmente, sino también físicamente. El espinazo horizontal ha concluido por enderezarse verticalmente; las manos posteriores se han transformado en pies que marchan altiva y airosamente; la vértebra deformemente hipertrofiada se ha convertido en hermosa y regular copa craneana; la garganta, muda o incapaz de producir nada más que ásperos gritos guturales, articula sonidos armoniosos; la mandíbula, despojada de su prognatismo simiesco, cambia la mueca por la sonrisa, la mordedura por el beso; la imperfecta masa cerebral donde antiguamente se grababan confusas y vagas imágenes de las cosas, concibe las leyes que rigen el desenvolvimiento del Universo y de la vida. Nos cobijábamos en el bosque o la caverna, y ya vivimos en el palacio, nos alimentábamos de la presa, y ya sembramos el trigo y elaboramos el pan; vestíamos de cortezas, y ya nos adornamos con lino y seda. . .


©2005


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