MARIANO NICOLÁS VALCÁRCEL

"Señor, hiede ya, que es muerto

de cuatro días".

(San Juan, XI, 39).

     Octave Mirbeau nos hace pensar en don M.N. Valcárcel, no porque el jefe de la Unión Cívica escriba novelas (él sólo hace tragedias de cincuenta o sesenta muertos), sino porque el autor del Journal d'une Femme de chambre pinta en el capitán Mauger a un tipo que en lo culinario guarda mucha semejanza con Valcárcel en lo político.

     El capitán Mauger tiene una singularidad: es omnívoro; come de todo, desde culebras hasta hurones y desde cuervos hasta ratas. Valcárcel digiere todo en política, pues así se comería un programa liberal como otro conservador.

     Nadie sabe de dónde vino, quién fue su padre ni a qué raza pertenece. Cuando llueve y un sapo se escurre a nuestro dormitorio ¿quién sabe cuál es el padre ni el charco del sapo?

     Difícilmente se hallará una fisonomía y figura más ingratas: se diría un felino que no concluye de transformarse en liebre. Camina en actitud de agazaparse y parece que el centro vital de su organismo se hallara en el vientre. En individuos acatarrados todo parece acudir a la nariz; en Valcárcel todo afluye al estómago. Es un radiado.

     Valcárcel, muerto ya, se cree vivo y como el Estudiante de Salamanca, asiste a su propio funeral. No murió de autopendación como Judas, de lanzada enemiga como Absalón ni de jicarazo civilista como Pignatelli o María Luisa: se ahogó en la sangre de las víctimas fusiladas en Santa Catalina.

     Como abogado, hizo sus primeras armas en el estudio de García Calderón. Es sabido que cuando los abogados adquieren cierta nombradía y desean darse tono no defienden ciertas causas de menor cuantía o demasiado escandalosas, y admiten a su lado jóvenes para que desempeñen estas bajas obras de la abogacía. Son hombres pinzas o ganchos de albañil: sirven para coger lo que nos ensuciaría las manos. Dada la honorabilidad de García Calderón (ya puede el lector figurarse la de su acólito! El noviciado revela al hombre.

     En política, Valcárcel no ha sido más que un leguleyo de mala fe, un tinterillo. . .


©2005


Para ir al

     próximo artículo

Para regresar al

     Índice del Tonel de Diógenes.

Para regresar a la página

     "González Prada"


     Para comunicarse con el Webmaster.