LA UNIÓN NACIONAL

     )De qué dependieron las crisis internas? principalmente de que muchos al estampar su firma en nuestro programa no creen haber roto para siempre sus vínculos con los demás partidos, de modo que se imaginan estar ligados a nosotros por las ideas, seguir unidos a los demás por el interés. Para muchos, la Unión Nacional sirvió de simple escalera para subir a los destinos públicos o de brújula para arrumbar a la Caja Fiscal.

     Las desertaciones fueron constantes. Las prevaricaciones y felonías de un C.G.A., de un F.B. y de un J.J.R. no figuran como hechos aislados sino como la falta general de solidez en las convicciones. Hoy se pertenece a un partido, mañana se pertenece a otro, sin el menor escrúpulo.

     La Unión ¿ha violado su programa? ¿Ha traicionado sus principios? ¿Ha celebrado alianzas indecorosas? De nada de eso se nos acusa: nos culpan de intransigentes, de batalladores, de agresivos; y esto, en lugar de un ataque a nuestro modo de ser, implica una alabanza. Concordia sincera no debe ni puede reinar entre agrupaciones de opuesta índole. Ante el peligro nacional se realiza una tregua o suspensión de hostilidades; pero no abandono de posiciones ni abjuración de principios: hay sometimiento de amigos y enemigos al régimen militar, nada más.

     Pero que la intransigencia y el espíritu batallador no nos lleve al extremo de hacernos entre nosotros mismos una guerra sin cuartel por meras divergencias en el modo de apreciar o resolver las cuestiones secundarias y a veces insignificantes. Un partido no debe exigir de sus adherentes el sacrificio de la personalidad para dejarles convertidos en siervos sumisos de un comité o de una mayoría ocasional. Eso equivale a introducir en el orden político el régimen de las comunidades monásticas y de los cuarteles -obediencia ciega al mandato de los superiores.

     No dejaremos de consignar una gran falta. En el Comité Central de Lima se ha notado la manía de convertirse, como ya lo ha dicho uno de sus miembros, en una especie de Inquisición laica o Comité de Salud Pública. En lugar de combatir a los enemigos exteriores o ejercer una propaganda útil y provechosa, más de una vez se ha desperdiciado la fuerza y el tiempo en guillotinarse moralmente, o a secas. Debemos confesar que si muchos huyeron de la Unión Nacional para coger un empleo en las aduanas como R., una crónica en un diario como B., o una diputación como A., algunos fueron víctimas de suspiciones, sospechas y odios gratuitos.

     Para concluir, digamos que nos conviene dejarnos de fórmulas convencionales y vacías. Rechacemos el nombre pedantesco de partido de principios, nombre que nos convierte en doctrinarios medio ridículos. Seamos partido de actos que varíen según las circunstancias, recordando que en la Naturaleza no hay principios sino hechos sometidos a leyes.


©2005


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