PERIODISMO LIMEÑO

     Yo no he querido amansar a ningún periodista, sin embargo de que todos se domestican a precio de rufián; no he recibido bofetada de ninguno de ellos, porque no son hombres capaces de volver puntapié con puntapié; no estoy sordo, pues oigo muy bien el ruido que hacen los soles de Grace al caer en los bolsillos del apócrifo A., del liberto V., del mestizo C., del rinocéfalo T.A. y del mono A. Pero háblase conmigo de lo que se hable...

     Venga un hombre honrado a ver lo que pasa en los periódicos de la capital del Perú y diga si en esos antros malsanos que se llaman redacciones hay personas acreedoras a la consideración de sus semejantes o rufianes dignos de ser azotados por mano del verdugo.

     Alguien dijo que el Adán y la Eva de los yankees salieron de las cárceles de Londres; el Adán y la Eva de los periodistas de Lima nacieron en la tienda de un gitano.

     Un perro que lame las manos y los pies del amo brutal que le propina una lluvia de golpes ofrece una idea pálida de la bajeza que abruma las almas de nuestros embadurnadores de papel.

     Ellos son los que, predicando día por día la "necesidad de medidas enérgicas", esto es, el amordazamiento de todas las bocas libres, han precipitado al Gobierno berberisco de Cáceres en una cruzada contra los periódicos independientes, en una verdadera caza de hombres contra los buenos peruanos que resisten al oro de Grace. Han querido operar en familia, tener francachelas a puerta cerrada, mentir y calumniar a sus anchas, falsear la opinión pública; y lo han conseguido: son dueños del campo. Los ladrones han derrotado a la policía.

     Varias personas independientes desean publicar en la tipografía de Solís un periódico titulado La Verdad: el Intendente de Policía pone guardias a la imprenta, efectúa un registro minucioso en los originales, hace a viva fuerza devolver la licencia ya concedida, ofrece clausurar los talleres, amenaza encarcelar a los redactores de La Verdad...y ningún diario, ninguno de esos periódicos que se titulan defensores de las libertades públicas, dice una sola palabra.

     Los redactores de La Luz Eléctrica van a la cárcel como simples bandidos, una edición del periódico es confiscada por las autoridades de policía, la imprenta queda cerrada... y ningún diario dice una sola palabra.

     El Radical, órgano del Círculo Literario, sufre la misma suerte... y ningún diario dice una sola palabra.

     Dos jóvenes periodistas desaparecen súbitamente, la prefectura y la policía niega por tres días saber su paradero, el público teme que se haya repetido con ellos la tragedia de Tebes... y ningún diario dice una sola palabra.

     Los periódicos de Cajamarca, Piura y otros departamentos enmudecen bajo la bota de un prefecto, como las hojas independientes de Lima... y ningún diario dice una sola palabra.

     Por el contrario, celebran con cínico regocijo la muerte de lo que llaman hojas volantes: los autores de las hojas venales aplauden el silencio forzado de, las palabras honradas.

     Pero eso sí, el día que conforme a un decreto del antiguo mantequero T. se exigió que uno de los periódicos subvencionados por Grace depositara la garantía de quinientos soles, entonces toda la jauría periodística enseñó los dientes, gruñó por lo bajo y, aunque con la humildad del perro, ladró un poco alto recordando "los fueros de la prensa y las garantías del pensamiento". El Callao -que era el periódico de los quinientos soles- lamió las manos y los pies del Gobierno, y merced a ciertos arreglos nada santos de su Director con las autoridades, el diario quedó exonerado del depósito.

     Se engañan los periodistas de Grace al imaginarse que las cosas no pasan de allí: han jugado con fuego. El mantequero T. no se detendrá en el camino de las arbitrariedades, así como en Arequipa no se detuvo en la requisición de mulas para su hacienda; y si empezó ayer por suprimir La Verdad, La Luz Eléctrica y El Radical, concluirá mañana con El Nacional, El Comercio, La Opinión Nacional, La Nación y demás diarios vendidos a Grace- tratará, en fin, a la prensa del Perú como trataba a los cerdos de su mantequería.

     Para ello tiene por auxiliares a un prefecto salido del fondo del Mar Muerto; a un Intendente medio zurcidor de voluntades y medio soplón, y a sus propios hijos, mozos de esperanzas, angelitos de manopla que no desmienten la sangre del bisabuelo, del papá , ni de los tíos.

     Cuando llegue la lucha eleccionaria en que otros amos paguen el sueldo a los domésticos y mercenarios de la prensa, cuando los periódicos sientan encima la mano del Ministro cuatrero, y saca ojos, entonces será lo bueno. Se iba un buque a pique y un loro guarecido en la punta del palo mayor.


©2005


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