QUINTA PARTE

FRAGMENTARIA

     

PARDO, SEGURA Y ALTHAUS

     Venezuela se enorgullece con Bello, el Ecuador con Olmedo, Cuba con Heredia: y ¿de qué poeta nacional nos vanagloriamos nosotros, si de ninguno podríamos cita una Silva a la zona tórrida, un Canto a Junín ni una Oda al Niágara? Sólo tenemos glorias provisionales: nuestro verdadero poeta se halla en el porvenir.

     En la época del Coloniaje se destacan dos figuras: Caviedes y Peralta. Caviedes, el poeta popular; Peralta, el erudito y aristocrático.

     Un escritor argentino -Juan María Gutiérrez - acusó a Peralta de no haber muerto, a mediados del siglo XVIII y en Lima, como mueren hoy los librepensadores en París. Por más que luchemos por emancipamos, somos hijos de nuestro tiempo, pertenecemos a nuestra raza, nos alimentamos con las ideas que forman nuestra atmósfera intelectual, y si el mismo Juan María Gutiérrez hubiera nacido en el siglo XVII, habría muerto clamando por asperges de agua bendita, como habría agonizado recitando suras del Corán si hubiera nacido en un pueblo turco.

     Don Felipe Pardo y Aliaga disfrutó de gran reputación hasta el día en que se publicaron sus obras completas. Es una de las poquísimas glorias nacionales que atravesó el Océano, debido más que a su mérito real, a la circunstancia de haberse educado en España. Fue miembro correspondiente de la Academia, antes que el serlo confiriera patente de mediocridad.

     Sea que Pardo fuese por naturaleza seco y árido o que poseyera un exagerado pudor que le indujo a velar sus sentimientos, lo cierto es que en sus poesías no se oye nunca un suspiro ni se siente una palpitación: parece que en todas soplara un viento polar. Sólo en la Dedicatoria de sus versos a su hija hay ráfagas - nada más que ráfagas - de inspiración y sentimiento, de un sentimiento exquisito donde el dolor se disimula con una sonrisa.

     )Dónde el poema magistral de Pardo? Un prestigio inmenso basado en unas pocas docenas de composiciones medianas. En su traducción de la oda A la colonne de la Place Vendôme, se ve al versificador de oficio luchando desesperadamente por seguir al poeta de genio. En sus poesías satíricas y jocosas se revela como imitador de Bretón, con la circunstancia de que en el español los versos manan espontáneamente: las rimas fluyen como si estuvieran en la punta de la pluma; mientras en el satírico peruano los versos descubren el trabajo y el "(Oh, cuánto de sudor y de fatiga!": los consonantes inusitados y traídos por los cabellos denuncian al diccionario de la rima. Tal vez no pasan de seis las letrillas de Pardo que encierran naturalidad y fluidez, o que parecen brotadas de un jet. Quizá vale más como prosador, y su Niño Goyito puede servir de modelo. En resumen, Pardo es un poeta que vale por sus escritos en prosa.

* * *

     Don Manuel A. Segura siguió las huellas de Cañizares. Sus obras dramáticas son comedias de figurón por el estilo de El Dómine Lucas, entremeses en que los personajes hablan una lengua estrafalaria y se ponen ellos mismos en ridículo: dejan de ser hombres o tipos para convertirse en clowns. Sin embargo, tienen chistes, escenas cómicas y trozos de versificación que recuerdan a los mejores satíricos españoles. Segura no es un Bretón ni un Moratín sino un Quiñones o un Ramón de la Cruz. No conoció la índole de su ingenio, pues pudiendo haber sido un eximio escritor de sainetes tuvo la pretensión de ser un autor de comedias.

     Todo lo contrario de Pardo, que en la más insignificante de sus composiciones descubre el desvelo y el trabajo, Segura es un poeta que debe más a su talento natural que al estudio. Es lo que llamaríamos el maestro del criollismo, y no creemos que su lectura sea fácil ni entretenida para ningún hombre nacido fuera de Lima: tantos son los provincialismos que emplea. No sólo abusa de limeñismos sino de vocablos usados por un grupo y hasta inventados por un solo individuo. Los que no pertenecemos a su generación no conocemos muchas de sus plantas ni medimos el alcance de sus frases. Necesita lo que más daña a los escritores: un glosario.

* * *

     Antítesis de Segura es Clemente Althaus, lo que no impide que se rocen por cierto punto: si Segura es el representante del criollismo, Althaus es la encarnación de la patriotería - una forma del criollismo-. A pesar de todo, Althaus es la más legítima de nuestras glorias poéticas, con Salaverry y Márquez. Con menos timidez en la forma, con más elasticidad en el estilo, sin el tinte religioso y patriotero, habría producido composiciones de verdadero mérito.


©2005


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