M.Y.M.

     Especie de barchilón, más cerca del veterinario que del médico, principió su carrera por vacunador municipal; pero con tal mala suerte que al sangrar vacunaba y al vacunar sangraba. Un Presidente le comisionó para firmar en Europa los bonos de un empréstito, y nuestro buen hombre, después de signar en barbecho, regresó de Francia con unos cuantos granos en las narices y muchos soles en la gaveta. El pobre diablo que meses antes no vivía seguro de comer todas las noches de la semana, resultó alabándose de poseer tantas casas como días cuenta el mes. En tiempo de la guerra con Chile se presentó como un generoso ricacho que cedía todos sus bienes a la Nación, Hizo publicar su retrato en los diarios, se dejó tocar el bombo, se convirtió en hombre popular, y al fin de cuentas no dio un solo centavo. En vez de ir a los reductos con el rifle, se instaló en las ambulancias con la jeringa. Dueño y señor de la Exposición, empleó (según las malas lenguas) los mármoles y las vigas en la construcción de su trigésimaprimera casa. Hoy envejece y echa panza, creyendo que tener mucha barriga exime de tener poca vergüenza. No muere porque los muertos del cementerio se revolucionarían temiendo que al irse al otro mundo alce la noche menos pensada con los ladrillos y lápidas de los nichos para construir su trigésimasegunda casa.


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