FANATISMO RELIGIOSO

     A los hombres desequilibrados por una herencia patológica, maleados por la educación clerical o por el ambiente, no se les puede exigir una evolución rápida para adaptarse al medio ni el ejercicio de órganos atrofiados por la falta de uso. El animal hundido en las profundidades del océano donde no llegan los rayos del Sol, carece de ojos: en vano sacarle a la superficie del mar en pleno día: no podría ver la luz.

     Por eso, pues, combatir la locura mística con el fuego y el hierro es cosa que no se concibe en nuestro siglo: sería ser más loco que el mismo loco. Decirle a un ciego: "Ve la luz", equivale a presentarle la disyuntiva de Mahoma: "Creer o morir".

     Más que combatir a los enfermos, casi siempre incurables, conviene prevenir los estragos del mal en las generaciones venideras. Cortando el rabo a varias generaciones de perros, se obtiene cría de perros sin rabo; mutilando en varias generaciones la cola fanática, tendremos una raza de hombres razonables.

     Si los eunucos de la inteligencia, si los hombres que tenian atrofiado el órgano de la Razón nos quemaron en la hoguera, iluminémosles con el libro; si nos hirieron con el hierro, curémosles con la luz; si nos martirizaron con el plomo candente, civilicémosles con la ciencia.

     Más que criminales dignos del castigo, son enfermos que piden un régimen medicamentoso.


©2005


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