ESCUELAS LITERARIAS

     Sobre las fórmulas pasajeras y variables, sobre las clasificaciones arbitrarias de géneros y escuelas, sobre los prejuicios de nacionalidad y secta, se eleva el arte supremo y humano que practica dos principios: la verdad en la idea, la claridad en la expresión.

     Excepto el grandioso empuje del Renacimiento, que fue la exhumación del espíritu helénico, los movimientos parciales que con el título de escuelas literarias se han producido en Europa, se reducen a cuestiones de pura morfología: en prosa, a la adopción del nuevo vocabulario industrial y científico; en verso, al renovamiento de las metáforas y a las alteraciones del verso y de la estrofa. Tan es así, que en las traducciones no notamos gran diferencia entre dos autores que en su idioma parecen separados por un siglo. A Zola y Théophile Gautier les encontramos parecidos y hallamos poca distancia entre Zorrilla y Góngora, entre Echegaray y Calderón. La transformación de las ideas viene de sabios y filósofos, no de poetas ni gramáticos. Un error común a todas las generaciones literarias es figurarse que descubren un nuevo mundo desconocido a las generaciones anteriores, cuando no hacen más que evolucionar en vez de revolucionar, verificar un viaje de regresión en lugar de ir adelante, alterar en vez de crear. ¿Qué resta del Romanticismo?


©2005


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