DISCURSO

     Agradezco profundamente a los iniciadores de esta velada, a los artistas como a los oradores y a todas las personas que la solemnizan con su presencia.

     La satisfacción que experimento no me ciega ni me ofusca: veo con la mayor claridad, distingo muy bien que las manifestaciones de simpatía se dirigen, no al hombre sino a la idea. Soy la simple ocasión de exteriorizar algo que se anhela, que no se dice en alta voz, que se guarda en lo más recóndito del cerebro.

     Prescindamos, pues, del individuo, y congratulémonos de que en esta sociedad, carcomida por el fanatismo y amenazada por la dominación del clero, se puedan reunir aquí algunas decenas de hombres animados por el generoso espíritu de emancipación.

     Ignoro si en este momento escuchan mis palabras muchos de los que hace veinte años respondieron a la voz de llamada y se lanzaron a combatir por la buena causa; mas ¿qué importaría si todos se hallaran ausentes y enrolados en las legiones enemigas? Nuevos soldados surgen a nuevas luchas. La idea renace en otros con el mismo vigor y la hermosura de los antiguos días: una primavera no deja de ser primavera porque las flores de hoy no son las mismas flores de ayer. Nuevas energías suceden a las energías pasadas: las aguas no son las mismas; pero el mismo río corre y seguirá corriendo.

     Aunque hayamos vivido bajo una serie de gobiernos conservadores, la idea verdaderamente liberal no ha muerto en el Perú: sufre groseras falsificaciones en los seudopartidos, existe con toda su pureza en los individuos aislados y ajenos a todo espíritu de bandería. Sólo se requiere una fuerza honrada, una personalidad que sin miras estrechas ni bastardas reúna las voluntades dispersas y las encamine a la acción.

     Aquí los hombres libres son débiles porque son tímidos, porque no se dan el trabajo de medir sus fuerzas, porque no observan ni la inocente malicia de contarse. Muchos piensan con amplia libertad, aunque muy pocos se atreven a revelarlo. Que los retrógrados no fíen mucho en la perpetuidad de su reinado: el hoy les halaga y les sonríe; el mañana puede traerles sorpresas muy amargas y muy dolorosas.

     En fin, señores, aunque el presente no aparezca muy risueño,cedamos al influjo del optimismo y digamos con el gran luchador francés: "La Verdad está en marcha y nadie la detendrá".


©2005


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